domingo, 20 de noviembre de 2011

Hacia vidas menos presenciales

Me lo pregunto muchas veces: “¿Dentro de treinta o cuarenta años –probablemente el plazo de tiempo que nos separa de los países como Estados Unidos, en la cabeza del desarrollo mundial– estaremos peor o mejor de lo que estamos ahora?”. Factores como la mayor similitud en el acceso a los beneficios de los adelantos tecnológicos –las últimas investigaciones científicas asocian la mayor extensión de las redes sociales con mayor cantidad de masa gris en el cerebro– llevarían a pensar que estaremos mejor, y lo estaremos más rápidamente.

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